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EL LATIDO DE LA MUERTE

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No habría ninguna oportunidad de llegar a conocer la muerte si sólo ocurriera una vez. Pero, por fortuna, la vida no es sino una continua danza de nacimiento y muerte, una danza de cambio. Cada vez que oigo el murmullo de un arroyo de montaña, o las olas que rompen en la orilla, o el palpitar de mi propio corazón, oigo el sonido de la impermanencia. Estos cambios, estas pequeñas muertes, son nuestros lazos vivientes con la muerte. Son el pulso de la muerte, el latido de la muerte que nos incita a soltar todas las cosas a las que nos aferramos. Así pues, trabajemos en estos cambios ahora, durante la vida: esta es la auténtica manera de prepararse para la muerte. La vida puede estar llena de dolor, sufrimiento y dificultades, pero todas estas cosas son oportunidades que se nos presentan para ayudarnos a avanzar hacia una aceptación emocional de la muerte. Sólo cuando creemos que las cosas son permanentes nos negamos la posibilidad de aprender del cambio. Si nos negam...

Un cambio en lo mas hondo del corazón

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Al  Reflexionar profundamente sobre la impermanencia,  es ser conducido a comprender en el centro del corazón la verdad que tan vigorosamente se expresa en esta estrofa de un poema de un maestro contemporáneo, Nyoshul Khenpo:  La naturaleza de todas las cosas es ilusoria y efímera, quienes tienen una percepción dualista consideran felicidad [el sufrimiento, como los que lamen la miel del filo de una navaja. Cuan dignos de compasión los que se aferran con fuerza a [la realidad concreta: Volved vuestra atención hacia dentro, amigos de mi corazón.  Pero, ¡qué difícil puede ser volver la atención hacia dentro! ¡Con qué facilidad nos dejamos dominar por nuestros viejos hábitos y costumbres establecidas! Aunque nos acarrean sufrimiento, como dice el poema de Nyoshul Khenpo, los aceptamos con una resignación casi fatalista, porque estamos acostumbrados a ceder a ellos. Podemos idealizar la libertad, pero en lo que toca a nuestros hábitos estamos completament...

Buda dijo

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Cuando se acercaba a la muerte, Buda dijo:  De todas las huellas de pisadas, la del elefante es suprema; de todas las meditaciones sobre la presencia mental, la de la muerte es suprema.   Siempre que perdemos la perspectiva o nos dejamos llevar por la pereza, reflexionar sobre la muerte y la impermanencia nos devuelve de una sacudida a la verdad:  Lo que ha nacido morirá, lo que se ha recogido se dispersará, lo que se ha acumulado se agotará, lo que se ha construido se derrumbará y lo que ha estado en alto descenderá.

Aveces

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Muchas veces me pregunto: «¿Cómo es que todo cambia?» Y sólo encuentro una respuesta: Así es la vida. Nada, nada en absoluto, posee el menor carácter duradero.   Buda dijo: Esta existencia nuestra es tan pasajera como las nubes de otoño. Observar el nacimiento y la muerte de los seres es como contemplar los movimientos de un baile.  La vida entera es como un relámpago en el cielo; se precipita a su fin como un torrente por una empinada montaña.  Una de las principales razones por las que tanto nos cuesta y tanta angustia nos produce afrontar la muerte es que ignoramos la verdad de la impermanencia. Tan desesperadamente deseamos que todo siga como está que hemos de creer que las cosas siempre continuarán igual. Pero eso sólo es una ficción.

El gran engaño

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No hay lugar en la tierra donde la muerte no pueda encontrarnos, por mucho que volvamos constantemente la cabeza en todas direcciones como si nos halláramos en una tierra extraña y sospechosa. [...] Si hubiese alguna manera de resguardarse de los golpes de la muerte, no soy yo aquel que no lo haría. [...] Pero es una locura pensar que se pueda conseguir eso. [...] Los hombres vienen y van, trotan y danzan, y de la muerte ni una palabra. Todo muy bien. Sin embargo, cuando llega la muerte, a ellos, a sus esposas, sus hijos, sus amigos, y los sorprende desprevenidos, ¡qué tormentas de pasión no los abruman entonces, qué llantos, qué furor, qué desesperación! [...] Para empezar a privar a la muerte de su mayor ventaja sobre nosotros, adoptemos una actitud del todo opuesta a la común; privemos a la muerte de su extrañeza, frecuentémosla, acostumbrémonos a ella; no tengamos nada más presente en nuestros pensamientos que la muerte. [...] No sabemos dónde nos espera la ...

Pensamiento

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Me di cuenta de que todos somos enviados a la Tierra para descubrir y aprender ciertas cosas. Por ejemplo, a compartir más amor, a tratarnos con más amor los unos a los otros. A descubrir que lo más importante son las relaciones humanas y el amor, y no las cosas materiales. Y a darnos cuenta de que hasta la última cosa que uno hace en su vida queda registrada, y que, aunque uno no piense en ella y la deje de lado, siempre acaba surgiendo más tarde*

La impermanencia

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No hay lugar en la tierra donde la muerte no pueda encontrarnos, por mucho que volvamos constantemente la cabeza en todas direcciones como si nos halláramos en una tierra extraña y sospechosa. [...] Si hubiese alguna manera de resguardarse de los golpes de la muerte, no soy yo aquel que no lo haría. [...] Pero es una locura pensar que se pueda conseguir eso. [...] Los hombres vienen y van, trotan y danzan, y de la muerte ni una palabra. Todo muy bien. Sin embargo, cuando llega la muerte, a ellos, a sus esposas, sus hijos, sus amigos, y los sorprende desprevenidos, ¡qué tormentas de pasión no los abruman entonces, qué llantos, qué furor, qué desesperación! [...] Para empezar a privar a la muerte de su mayor ventaja sobre nosotros, adoptemos una actitud del todo opuesta a la común; privemos a la muerte de su extrañeza, frecuentémosla, acostumbrémonos a ella; no tengamos nada más presente en nuestros pensamientos que la muerte. [...] No sabemos dónde nos espera la muerte: a...